6.02.2008

Libro "El don de arder":

VOCES FEMENINAS PARA EL MUNDO

El don de arder es una selección de casi 60 perfiles de vida, realizados por la periodista y escritora catalana Ima Sanchís, a distintas mujeres alrededor del mundo. En estos, la autora devela los mundos interiores de sus interlocutoras, los que –a pesar de sus diferencias- coinciden en historias de vida personales, que se convierten luego en pequeños pasajes desde donde observar y aprecias relatos culturales desconocidos hasta ahora.

Por Patricia Díaz Rubio

Ima Sanchís declara “si no es para dar esperanzas, es mejor no escribir”. Aquella convicción parece convertirse en el hilo conductor de las páginas que construyen El don de arder, una colección de perfiles de vida realizados a 59 voces femeninas. A pesar de que las conversaciones que la autora sostiene con sus entrevistadas parecen disímiles entre sí, Sanchís configura un denominador común entre éstas; tal como lo afirma el subtítulo escogido para la obra, los relatos retratados versan sobre mujeres que con sus actos y convicciones otorgan una esperanza para quien las lee, al saber que de una u otra forma, ellas están cambiando el mundo que las rodea.

El don de arder propone al lector un viaje por distintos países, épocas y contextos sociales; pero por sobre todo, el lector viaja al interior de la vida de mujeres –algunas en camino a convertirse en mujeres aún- cuyas historias personales logran trascender los escenarios locales, de su países, sus tribus, sus propia culturas, volviéndose relatos universales, que conmueve sin importar época ni edad. De estos recalca la figura de la empresaria malauí Joyce Banda, cuyo perfil crea conciencia en torno al maltrato femenino en África, así como la historia de Arati, una niña india de 12 años cuyas palabras revelan temáticas como el trabajo infantil, la pobreza en oriente, y lo desigual de la estructura social india para con las mujeres.

Sin restarle importancia a ninguna de sus entrevistadas, Ima Sanchís construye–desde las preguntas realizadas a sus interlocutoras- y articula – ya a la hora de plasmar en papel sus historias- más de 50 relatos duales, poseedores de una doble lectura, de una permeabilidad sumamente interesante. El lector puede internarse tanto en las vivencias personales de las protagonistas, como en las tramas que se develan de fondo, los contextos sociales, políticos y culturales que envuelven a estas mujeres y sus relatos.

Quizás sea esta la gran característica que define a El don de arder, el cual establece una cierta empatía con quienes se vuelven cómplices de estas voces que abren y comparten un pedazo de sus vidas. A pesar de que decenas de nombres mencionados en estas páginas sean desconocidos, es posible relacionarse con sus vivencias; historias que parecen pequeñas, pero que gracias a la labor de la autora, de pronto se tornan globales y universales, formándose una identificación entre el lector y sus protagonistas, y lo que éstas tienen que contar.

Tal es el caso de las historias de Rosa María Carbonel y Estela Carloto. La primera es una madre que conversa con Ima acerca de lo que ha significa enfrentar el cáncer de su hija Irina, mientras la segunda es una mujer de edad que lucha con Las Abuelas de la Plaza de Mayo, en Argentina, por encontrar a su nieto –hijo de su asesinada hija Laura- desaparecido durante la dictadura militar de ese país. Ambos perfiles de vida, de increíble peso emocional, narran la historia dos mujeres que viven el dolor de manera distinta, pero que a la vez, abren la puerta a un relato transversal, quizás mayor que sus propias vivencias: el dolor que significa para una madre vivir la enfermedad de un hijo, y las terribles huellas de una tremenda coyuntura social y política como es la dictadura militar en Argentina, respectivamente. Ambas historias conmueven sin importar rostros, nombres o apellidos.

Una sensación similar se repite a lo largo de las páginas de El don de arder. Ima Sanchís a través de sus perfile de vidas –presentados en un estilo de escritura que lamentablemente se hace algo monótono- devela experiencias personales cuyos planos se abren luego para descubrir una serie de verdades culturales, muchas de ellas desconocidas para el mundo occidental, cuya labor parece centrarse en darle protagonismo a los formas de enfrentar el mundo de 59 mujeres, más y menos importantes, más y menos reconocidas, pero que se esfuerzan día a día por modificar el entorno que las rodea.

4.14.2008

22 de abril.Plaza Italia.Marcha contra el TC.


Manifestación en las afueras del TC

NI UN BOMBÓN, NI UN PRIVILEGIO

Ese es el lema de los manifestantes que el miércoles pasado reanudaron su lucha ante el Tribunal Constitucional, exigiendo el derecho a utilizar la “píldora del día después” (Postinor -2), y otros métodos anticonceptivos compuestos de Levonorgestrel, los que serán prohibidos por el fallo una vez que éste se apruebe.

Por Patricia Díaz Rubio.
Fotos: Fran Palma

El flujo vehicular está estancado en la calle Santo Domingo. Son las 12:15 de la tarde y el sol pega sobre las cabezas de los oficinistas. Las bocinas indignadas y el ruido de los motores cercanos impiden escuchar los cánticos del grupo manifestantes que empieza a instalarse en la vereda sur de la cuadra, poco antes de llegar a la esquina de Mac-Iver.

Son cerca de 30 personas reunidas, cifra que aumentará con el paso de los minutos, y que ya comienzan a calentar gargantas y levantar carteles frente a la Casa Velasco, el colonial edificio donde hoy se encuentra el Tribunal Constitucional de Chile. Esta es la misma institución que hace dos semanas aprobó la petición de 36 diputados de la Alianza por Chile de rechazar la repartición de la “píldora del día después”, y otras cuatro pastillas anticonceptivas compuestas de Levonorgestrel, en los consultorios nacionales.

“¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!”, es el primer grito que lanza una de las dirigentes de la protesta, megáfono en mano, alentando a un grupo compuesto mayoritariamente por mujeres de distintas edades, condiciones socioeconómicas y participación en agrupaciones sociales. Además de la presencia de funcionarios de la salud, actrices como Malucha Pinto y María José Bello, transeúntes, periodistas, estudiantes universitarios y escolares, todos dispuestos a manifestarse por una situación que atenta “contra la libertad, contra la vida”, tal como lo señaló una de la representantes de la Asociación Chilena de Protección de la Familia en una improvisada conferencia de prensa.

La manifestación también contó con las palabras del presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, Jaime Zamorano, y Tamy Palma, en representación de estudiantes secundarios, quien ironizó con la figura del abogado Jorge Reyes, patrocinador de la petición de los diputados aliancistas: “me imagino que él debe tener una capacidad de abstinencia increíble”, señaló la escolar de 16 años, generando las risas de un grupo que entiende la medida como una "acción ridícula, que retrocede las políticas de salud pública a una época medieval", tal como se le oyó decir a los presentes.

Finalmente, el llamado de los organizadores fue a reencontrarse el próximo 22 de abril en una gran marcha contra el Tribunal Constitucional, con el fin de desacatar su decisión, y exigir la derogación del fallo, esperando la adhesión de diversos sectores sociales que se atrevan, tal como este miércoles, a levantar carteles que versen “ni un bombón ni un privilegio, la pastilla es un derecho”.

12.03.2007

EDITORIAL

PORQUE TODO VUELVE A LA MATRIZ

El mundo no se hizo en 7 días ni salió del dedo divino de un hombre. El mundo no partío de un gran estallido que de pronto nos puso aquí y ahora, entre edificios y autos con celulares en la mano. Seguramente, la mujer tampoco nació de la costilla de un hombre, a menos que claro, Adán haya tenido útero alguna vez en su vida.

Vivir en un mundo donde todo gira en torno al falo -a sus glorias y no a sus fracasos-, de seguro no ha sido fácil. Situarse a la derecha de Dios padre, quien nos dio la costilla de Adán y con ella, la vida, nos ha dado la humilde tarea de servir y pagar el precio de ser mujer en cómodas cuotas mensuales. Podemos ser damas, señoras o señoritas; a veces perras, putas o bataclanas. Pero siempre relegadas a la cocina, al matinal y a la dulce espera del sostenedor; siempre desde la mirada de alguien más, desde la cual la información para la mujer sólo concierne a la última moda o a las recetas de cocina.

Por ello, La Matriz pretende abordar la actualidad desde una perspectiva de género, yendo más allá de la ropa y los accesorios, y reivindicando lo propiamente femenino, rescatando la inserción social que se ha logrado desde el siglo pasado, por medio de codazos, empujones y gritos. Porque no somos ni reinas ni seres delicados, porque más que respeto buscamos igualdad de trato, porque somos fuente de origen y todo vuelve a nosotras; hoy, vuelve a La Matriz.

EUFEMISMOS PARA LA PALABRA VAGINA


Por Romina Reyes A.

Hemos acostumbrado por mucho tiempo a metaforizar todo lo que se encuentra debajo del ombligo. Hasta ahí, todo es políticamente correcto. Hacía abajo, la cosa se pone turbia.
Borremos esas feas palabras del lexico social, porque son cosas que están ahí, que todas tenemos, pero mejor no nombrarlas, porque la V word suena tan... vulgar; mejor digámosle choro, chorito para los más cariñosos; chonfla o chonflis, fifi para las viejas cuicas, concha para los clásicos, coño para los europeos, sapo o zorra para los amantes de los animales; la chauchera o la sonrisa vertical, porque ni siquiera Word reconoce la palabra vagina. ¿Será que Bill Gates salió de la concha de su madre?
Comencemos a llamarla por su nombre, basta de omitirla y de cubrirla en las conversaciones, al igual como suele ocultarse todo lo femenino a menos que, claro, esto signifique dos pechos muy grandes o un culo en colaless ad portas de un koala.
Dígala, son sólo tres sílabas: Va-gi-na. Ahora, sin sonrojarse. No existe razón para avergonzarse de lo que guardamos entre las piernas, todo porque desde pequeñas nos meten en la cabeza que hay que mantenerlas juntas y bien cerradas, porque si no se ve "feo". No se ve feo, simplemente se ve parte de lo que somos, sin eufemismos de por medio.

Gay parade 2007, Open Mind Fest:

DESORDEN EN LA VÍA PÚBLICA

El sábado 17 de este mes se realizó el Gay parade en las calles del paseo Bulnes. Si bien, el evento no llenó el boulevard santiaguino, sí logró meter harto ruido durante las 6 horas que duró la parada homosexual.

Por La Callejera.



Qué habría dicho don Manuel Bulnes de ver espectáculo semejante moviéndose en forma de masa en el paseo que lleva su nombre. Qué cara habría puesto de ver a la variopinta multitud que se agolpó a lo largo de la calle para participar en la segunda versión del "Gay parade" realizada en Santiago de Chile. Sí, Chile, ese país ultraconservador que en cualquier momento se nos cae al Pacífico.

-Don Manuel –le hubieran dicho- esto es pluralismo.

Desde la estación del metro La Moneda se observaba el arcoiris venir, con niñas de la mano de otras niñas, y hombres besando las bocas de otros hombres. "Qué atroz", hubiera dicho mi abuela de haber visto aquello en medio de la parada, porque de esas apenas conoce la militar de los 19 de septiembre. Estos eventos con distintos nombres, todos apellidados “parade” –en inglés, claro, en español es mucho menos cool-, se toman espacios urbanos para hacer fiestas a vista y paciencia de toda la ciudad.

A lo largo del paseo, flameaban las banderas del Móvil - Movimiento de Integración y Liberación Homosexual- el ente organizador del evento de la mente abierta. Junto a ellas, banderas de siete colores que representan la diversidad y la integración; cerca del primer escenario, múltiples cámaras que captaban el momento, de las que algunos lolos se alejaban para mantenerse en el anonimato sexual. El segundo escenario, dispuesto a metros de la calle Tarapacá y más atrás, llegando al parque Almagro, el tercero y último dispuesto sobre un bus. A las dos de la tarde sonó la primera canción que le dio un aspecto de disco gay a la tarde dominical del centro de Santiago, con una multitud que crecía mientras pasaba la hora, venerando a gogo dancers que bailaban en las alturas.

A cada paso caían del cielo volantes de fiestas, locales, moteles, y uno que otro calendario rosado con la foto de un musculoso en pelotas… literalmente. Juan Pablo, funcionando como guía turístico, saludaba cada dos pasos a gente conocida o desconocidos por desconocer. Niñas de todos colores, niños que lo apretaban fuerte al abrazarlo. Caminar una cuadra tomaba cerca de diez minutos al lado de su popular presencia, porque en el fondo, todos se conocían un poco, por toparse siempre en los mismos lugares, las mismas fiestas vespertinas, las tardes en el Parque Forestal, las recurridas visitas a los lugares comunes de los cuales los jóvenes gays se apropian, haciendo lo suyo algo pintoresco digno de captar en una cámara turista.

El orgullo gay tocado a todo volumen, gritado a la cara de los transeúntes que se toparon con el espectáculo a dichas horas. A los lados, vendedores callejeros, ambulantes, los mismos que a la salida del recital te venden el cintillo, el sticker, la chapita o el llavero, hoy vendían banderitas arcoiris a trescientos pesos, IVA incluido, las que se agitaban en el aire cada vez que la música lo ameritaba.

Por el paseo circulaban, tal como si fuera una pasarela, travestis acicalados con plumas y pantalones muy apretados, que de verlos, mi madre hubiera invocado varias veces a Dios, Jesús o a la Virgen María. Al pasar a su lado, miraban coquetos –o coquetas-, lanzaban besos y no se molestaban de posar para las cámaras de quienes participaban en la parada y pisaban el suelo cubierto por latas de cerveza aplastadas y botellas que iban de un lado a otro en medio del baile.

Bailando en todas direcciones, los cuerpos rozaban otros cercanos, moviéndose en masa, con cajas de vinos que pasaban de mano en mano y de boca en boca, igual que cigarros, pitos y otras cosas. Un desorden que en otro contexto habría sido penalizado por los mismos carabineros que hoy resguardaban la jarana de los diversos sexuales frente a La Moneda.

Y porque, como dijo el travesti encargado de animar a la multitud, “nada es eterno, sólo el mariconeo”, puntualmente a las 8 se desenchufaron las consolas para mandar a la masa diversa de regreso a los hogares, o, en su defecto, a continuar la fiesta en la discoteque Blondie; la masa que durante una tarde le gritó a la cara su homosexualidad a los paisanos que hubieron de cruzarse con el carnaval europeo, made in Chile, mientras de seguro, don Manuel se revolvía en su tumba.

12.02.2007

La calle Rosas y sus alrededores

REUNIDAS ENTRE MOSTACILLAS Y LANAS

Pasear por la calle Rosas es como recorrer el mundo a retazos. En las estanterías de sus tiendas se exhiben viejos pascueros de madera, renos de plástico y muñecos de nieve hechos con medias. En otras, cuelgan tiras de mostacillas de vidrio traídas desde India, hilos de nylon coreano y tijeras chinas. Y los ratones Mickey apócrifos divierten a los niños estacionados en las vitrinas, mientras las mamás compran hilo de algodón brasileño o revistas de manualidades argentinas. Rosas es una calle que reúne a sus visitantes más habituales, es un lugar para conocer nuevas personas y aprender distintas manualidades.

Por Camila Larsen Esveile

L
a calle Rosas es el distrito de las manualidades en Santiago. Ahí no solo se adquieren los materiales necesarios para cualquier actividad manual, también es un lugar de encuentro para las mujeres que se dedican a ellas. La espera por la atención es la instancia principal para conocerse. “Una empieza a conversar con la señora que está al lado para ver qué es lo que va a comprar, y termina compartiendo ideas, técnicas y otras picadas donde comprar más cosas”, relata Silvia, a la espera de tres metros de cinta roja. Incluso, es muy común encontrarse siempre con las mismas personas.

Casi todos los días, las compradoras pueden asistir a talleres ofrecidos en las tiendas. Los locatorios descubrieron una buena oportunidad para vender más productos y, sin saberlo, generaron otro espacio de encuentro. Las clases de bordado con cintas, de anillos de mostacillas o de crochet tunecino, reúnen a mujeres de todas las edades que aprenden las técnicas con distintos fines. Jimena es una de las alumnas de la clase de pintura sobre tela, sin dejar de pintar un motivo navideño sobre un paño verde, cuenta que la principal motivación de experimentar nuevas prácticas es el goce personal: “me gusta aprender de todo. Lástima que no se pueda vivir de esto. Si fuera por mí, me levantaría para puro hacer manualidades”.


En esas mismas reuniones se organizan y generan redes que trasladan el conocimiento a sus comunas. Macarena, de 16 años, es monitora en un taller de la municipalidad de La Florida y todas las semanas realiza clases en el Hogar de Cristo. “A la gente le ha servido mucho, porque al principio llegan como histéricas y después se les pasa. Además después venden lo que hacen”. Con lo aprendido, las mujeres que se conocen en Rosas coordinan sus propias ferias de manualidades. El dinero ganado les sirve para aportar al hogar y también para seguir financiando su pasatiempo.

Las galerías de este sector son transitadas por distintas generaciones, cada una de ellas interpreta las manualidades a su modo. Las hijas e hijos han aprendido el trabajo de sus padres, pero también han descubierto nuevas técnicas y materiales. “Mi mamá hace muñecas de género. Yo le ayudo a comprar los materiales y a venderlas. Me crié con las manualidades, ahora hago un trabajo con seda sobre panty que es de Brasil”, narra Macarena.

Para quienes la visitan habitualmente, Rosas es mucho más que el lugar donde todo está más barato. La apariencia del sector cambia constantemente -dependiendo de la celebración más cercana- pero las personas casi siempre son las mismas. Los locatarios, los vendedores ambulantes y los compradores ya se conocen. Para el visitante novato quizás sea difícil notarlo, pero entre la agitación y las perlas que cuelgan de los escaparates existe un lugar capaz de reunir a personas muy distintas.

La calle Rosas, con sus colores, olores y sonidos, es un espacio muy importante en la vida de quienes la recorren. Desde ella se llevan a sus casas la materia prima necesaria para sus creaciones, pero también la experiencia de haber aprendido algo más o de haber conocido a alguien nuevo. Quizás la próxima vez que la visiten, se encontrarán con las mismas amigas que solo ven mientras esperan que su número sea llamado. O descubrirán que el niño que las mira desde el suelo de la tienda pronto estará comprando sus propios materiales.

Dónde comprar:

Lanas Dina: lanas, palillos, revistas. En 21 de mayo 657.
Paquetería Mike: botones, cintas, hilos. Galería Las Rosas, en Rosas 957.
Wind: mostacillas, cristales Swarovski, materiales para joyas de fantasía. En galería Las Rosas, local 6.
Retex: arpilleras de colores, tul. Galería Las Flores, en Rosas 969.
Paquetería OK: mostacillas de vidrio, coral y turquesa. Rosas 1021.
Comercial Halabi: cartulinas, tijeras, agujas, hilos de bordar, velcro. Rosas 1071.
Telas x Kilo: telas de algodón, tules. Bandera 695.